Siurana es un pueblo que no debería existir donde está y precisamente por eso no se olvida. Encaramado sobre un farallón de conglomerado a más de 700 metros, con el embalse abajo y el Priorat extendiéndose hasta donde alcanza la vista, es uno de esos rincones de la Catalunya interior que siguen funcionando como secreto bien guardado. Pocas decenas de vecinos, una iglesia románica del siglo XII y un silencio que se agradece.
¿Qué visitar?
El pueblo en sí es la visita: la iglesia de Santa Maria de Siurana, el castillo con su leyenda de la princesa mora y el mirador sobre el embalse son paradas que no requieren explicación. A pocos kilómetros, Cornudella de Montsant y Falset ofrecen mercados, bodegas y la vida tranquila de la comarca. El Montsant, declarado Parque Natural, está literalmente a la vuelta de la esquina.
¿Qué hacer?
Siurana es referencia mundial de la escalada deportiva. Sus paredes de conglomerado tienen vías para todos los niveles y atraen escaladores de toda Europa. Para quienes prefieren los pies en el suelo, las rutas senderistas entre viñedos con vistas al embalse son de las más espectaculares de la provincia de Tarragona. El kayak en el embalse es otra opción cuando la temporada acompaña.
¿Qué comer?
Aceite de Siurana con denominación de origen propia - una de las más antiguas del Estado - , carne a la brasa, setas de temporada y, sobre todo, vino del Priorat: garnatxa negra y carinyena criadas en llicorella, la pizarra negra que da a estos caldos su carácter mineral inconfundible. Para beber bien sin complicarse, cualquier bodega de la zona tiene venta directa.
Nuestra recomendación
Combinad la visita a la bodega con una tarde de senderismo por los viñedos antes de que caiga el sol. La luz del Priorat a última hora convierte un paisaje ya de por sí extraordinario en algo directamente difícil de fotografiar bien. Cenad en el hotel y dejad el coche aparcado: Siurana es, afortunadamente, demasiado pequeño para necesitarlo.